Tientos del reloj - Pasión Vega

Cuando se marcha de noche
no le pregunto a donde va,
y en mi tiniebla me quedo
sola con mi soledad.
Y cuando siento la llave,
rayando el filo del día,
hago de que no me entero
entre despierta y dormida.

No sé lo que hacer,
No sé lo que hacer,
que me duele la cal de los huesos
de tanto querer.
Las ducas que paso yo no se las diera
ni al más enemigo de mis enemigos,
“pa” que no sufriera:
“¿Dónde estará ahora?,
¿Qué será de él?,
¿Qué otros labios estará besando
para calmar su sed?”
Y me dan en vilo la una y las dos,
y me voy clavando,
igual que puñales,
las dos manecillas que tiene el reloj.

Hubo un querer en su vida
que le pagó con traición
pero que está todavía
dentro de su corazón.
Por eso sigue bebiendo,
para ocultar su condena
y yo me estoy consumiendo
de sentimiento y de pena.

No sé lo que hacer,
No sé lo que hacer,
que me duele la cal de los huesos
de tanto querer.
Las ducas que paso yo no se las diera
ni al más enemigo de mis enemigos,
“pa” que no sufriera:
“¿Dónde estará ahora?,
¿Qué será de él?,
¿Qué otros labios estará besando
para calmar su sed?”
Y me dan en vilo la una y las dos,
y me voy clavando,
igual que puñales,
las dos manecillas que tiene el reloj.

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